Chapter 5 .                                                                Rebuilding the Malecón to break down the wall

CAPITULO 5      RECONSTRUIR EL MALECON PARA TUMBAR EL MURO.

Cuba, históricamente, ha tenido a mano una válvula de escape para desaguar sus contradicciones: la orilla. De ahí que siempre haya podido deshacerse de sus detritos, bien «por el mar o por un ayuda de cámara», tal cual lo entendió Graham Greene en Nuestro hombre en La Habana.

Aunque es el portal incuestionable de La Habana, el Malecón es también la metáfora perfecta de cualquier litoral cubano. La más radical de sus fronteras y el más expeditivo de sus puentes.

La barrera que separa del mundo y la primera atalaya que permite fantasear con este.

Si los berlineses soñaban con atravesar su Muro, los cubanos siempre han imaginado traspasar su Malecón para cruzar el mar y palpar el otro lado. O, al menos, para alcanzar ese otro lado cubano instalado a noventa millas de distancia.

Pero el Malecón es asimismo la línea que enlaza tres barrios con personalidades arquitectónicas, económicas y humanas diferentes -Vedado, Centro Habana y Habana Vieja-, el límite donde mueren grandes arterias como el paseo del Prado o la calle 23, el museo a

la intemperie del artdéco en ruinas, un sofá kilométrico donde se intercambian casi todas las promiscuidades cubanas y el dique que el mar rompe cada año para recuperar el terreno que los humanos le han robado.

Todo esto sin olvidar que el Malecón es, además, un reto urbanístico: que ese skyline sea más que un paisaje para ser visto desde lejos. Que sea capaz de recuperar la vida interior de La Habana y se convierta en el teatro de sus costumbres urbanas.

Por eso es tan pertinente imaginarle un congódromo o un mecanismo por donde se desechen las malas construcciones y que a la vez permita la bienvenida a Frank Lloyd Wright o Le Corbusier, Gaudí o Michael Graves. En esa línea, vale también su utilización para juntar las contradicciones políticas y las arquitectónicas, la propaganda y su crítica, el arte y la publicidad, lo citadino y lo acuático.

Para este movimiento, «andar el malecón» significa darse un paseo por la historia, apropiarse de la tradición funcional que tuvo alguna vez el paseo del Prado o la Alameda de Paula, un libro abierto de citas y notas al pie a la historia de la ciudad, un rompecabezas en el que es imprescindible tomar partido entre una arquitectura para los edificios y una arquitectura para sus habitantes.

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Teresa Ayuso, Teresa Luis, Oscar García, Abel Rodríguez, Gilberto Gutiérrez,

Daniel Bejerano, Mario Durán, Rosendo Mesías, Francisco Bedoya y Juan Luis Morales.

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Andar el Malecon. La Habana. 1989
Juan Luis Morales, Francisco Bedoya, Teresa Ayuso
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Cinturon de Fuego. Congodromo. La Habana 1989
Rosendo Mesias
1/3
Se formo el cuchun. La Habana. 1989
Teresa Luis, Oscar Garcia, Hector Laguna
1/9
Pal Malecon. La Habana. 1989
Daniel Bejerano y Mario Duran
1/2
Los Arcanos. la Habana. 1989
Gilberto Gutierrez
Vasos Comunicantes. La Habana. 1989
Mario Duran
El Morro. la Habana. 1989
Rolando Paciel y Hubert Moreno
El Malecon. La Habana. 1993
Abel Rodriguez
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Morro. Reafirmacion. La Habana 1989

Rolando Paciel Hubert Moreno